Una explicación clara sobre su utilidad, su desarrollo y lo que puede esperarse del proceso terapéutico
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Hay experiencias que terminan, pero cuyos efectos permanecen. La terapia EMDR ayuda a procesar recuerdos que siguen generando miedo, ansiedad, culpa, bloqueo o malestar físico, para que puedan integrarse como parte del pasado y dejen de invadir el presente. |
Aunque la persona sepa que el peligro ya ha pasado, puede seguir reaccionando emocional o físicamente como si la experiencia continuara ocurriendo. En ocasiones, basta una imagen, una conversación, un olor, un lugar o una situación cotidiana para que se active nuevamente el malestar. Es como si una parte de lo vivido permaneciera atrapada en el presente.
La terapia EMDR ayuda a procesar esos recuerdos para que puedan integrarse de una manera más saludable. Su objetivo no es borrar lo vivido, sino reducir la carga emocional asociada y favorecer que el recuerdo se perciba como algo que ocurrió en el pasado, no como una amenaza que sigue sucediendo.
¿En qué situaciones puede ayudar el EMDR?
El EMDR se utiliza especialmente para trabajar las consecuencias psicológicas de experiencias traumáticas o emocionalmente dolorosas.
- Accidentes, agresiones o situaciones de violencia.
- Abuso físico, psicológico o sexual.
- Pérdidas significativas y duelos difíciles.
- Acoso escolar o laboral.
- Experiencias médicas dolorosas o invasivas.
- Abandono, rechazo, humillación o falta de protección.
- Vivencias infantiles que continúan afectando en la edad adulta.
- Miedos intensos, fobias o ataques de pánico.
- Sentimientos persistentes de culpa, vergüenza o indefensión.
- Recuerdos involuntarios, pesadillas o imágenes perturbadoras.
- Situaciones que siguen afectando a la autoestima o a las relaciones.
También puede incorporarse al tratamiento de determinadas dificultades de ansiedad, depresión, estrés o dolor emocional relacionadas con experiencias adversas. Su utilización dependerá siempre de una valoración individualizada.
¿Cómo actúa el EMDR?
Cuando una experiencia se procesa adecuadamente, podemos recordarla sin sentir la misma intensidad emocional que cuando ocurrió. Sabemos que forma parte de nuestra historia, pero ya no controla nuestras reacciones actuales.
Sin embargo, algunas experiencias resultan tan intensas, inesperadas o desbordantes que no llegan a integrarse completamente. El recuerdo puede quedar asociado a emociones, pensamientos y sensaciones corporales que se activan en el presente.
Por ejemplo, una persona puede saber racionalmente que ahora está a salvo y, aun así, sentir miedo, tensión o bloqueo ante una situación que le recuerda, de alguna manera, lo vivido.
El trabajo con EMDR facilita que esa información se reorganice y establezca nuevas conexiones. A medida que el recuerdo se procesa, suele disminuir su intensidad emocional y pueden aparecer pensamientos más adaptativos.
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Antes del reprocesamiento |
Después del reprocesamiento |
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“Estoy indefensa”. |
“Ahora estoy a salvo”. |
¿Qué ocurre durante una sesión?
La terapia EMDR sigue un proceso estructurado y adaptado a las necesidades de cada persona.
Antes de trabajar directamente con un recuerdo doloroso, el terapeuta realiza una evaluación de la historia personal, las dificultades actuales y los recursos emocionales disponibles. También se enseñan estrategias para manejar el malestar y recuperar la calma cuando sea necesario.
Cuando la persona está preparada, se selecciona una experiencia concreta y se identifican algunos elementos relacionados con ella:
- La imagen o el momento más perturbador.
- Los pensamientos negativos asociados.
- Las emociones que aparcen.
- Las sensaciones físicas que provocan.
- La forma en que la persona desearía sentirse o verse a sí misma.
Mientras la persona mantiene brevemente la atención en estos elementos, el terapeuta utiliza estimulación bilateral. Esta puede realizarse mediante movimientos oculares, sonidos alternos o pequeños estímulos táctiles en ambos lados del cuerpo.
Después de cada serie, la persona comunica qué pensamientos, imágenes, emociones o sensaciones han aparecido. El terapeuta acompaña el proceso, respetando en todo momento el ritmo y la capacidad de regulación de la persona.
¿Es necesario contar todo lo ocurrido?
No siempre es necesario explicar cada detalle de la experiencia.
La persona puede trabajar con el recuerdo sin realizar una narración exhaustiva de lo sucedido. Esto puede resultar especialmente importante cuando hablar de determinados acontecimientos genera vergüenza, miedo o una gran activación emocional.
No obstante, la comunicación con el terapeuta sigue siendo fundamental. La persona debe poder expresar cómo se siente, qué nivel de malestar experimenta y si necesita detenerse o reducir la intensidad del trabajo.
El proceso debe desarrollarse siempre dentro de un entorno seguro, respetuoso y de confianza.
¿La persona tiene que revivir el trauma?
Trabajar con un recuerdo doloroso puede generar cierta activación emocional, pero el objetivo no es obligar a la persona a revivir el acontecimiento ni exponerla de manera descontrolada al sufrimiento.
El recuerdo se aborda de forma gradual, con acompañamiento profesional y utilizando recursos que permitan mantener la conexión con el presente.
Antes de iniciar el reprocesamiento, es importante que la persona disponga de herramientas suficientes para regular sus emociones. En algunos casos, esta fase de preparación puede requerir varias sesiones.
Cada proceso es diferente. La rapidez nunca debe estar por encima de la seguridad emocional.
¿El EMDR borra los recuerdos?
No. La terapia EMDR no elimina los recuerdos ni modifica los hechos.
La persona continúa sabiendo lo que ocurrió, pero puede recordarlo con una menor intensidad emocional. El acontecimiento deja de sentirse tan cercano, amenazante o desbordante.
Podríamos decir que el recuerdo permanece, pero pierde parte de su capacidad para alterar el presente. El objetivo es poder recordar sin volver a sentirse atrapado en la experiencia.
¿Cuánto dura el tratamiento?
La duración del tratamiento depende de diferentes factores:
- El tipo de experiencia vivida.
- La edad en la que ocurrió.
- Si se trata de un acontecimiento puntual o de experiencias repetidas.
- El número de recuerdos relacionados.
- La intensidad de los síntomas.
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Los recursos emocionales de la persona.
- La existencia de otras dificultades psicológicas.
No es igual trabajar una experiencia aislada que una historia prolongada de abandono, violencia o falta de protección. Por este motivo, no puede establecerse un número exacto de sesiones sin realizar previamente una valoración clínica.
¿Es adecuado para todas las personas?
El EMDR puede ser una herramienta terapéutica muy útil, pero no debe aplicarse de forma automática.
Antes de comenzar, el profesional debe valorar el estado emocional de la persona, su capacidad para manejar el malestar, su situación actual y la posible existencia de factores que requieran una preparación específica.
En ocasiones, será recomendable trabajar primero la seguridad, la regulación emocional, la estabilidad personal o la construcción de recursos internos. Elegir el momento adecuado también forma parte del tratamiento.
¿Puede realizarse EMDR por cuenta propia?
El EMDR es un tratamiento psicológico y debe ser realizado por un profesional sanitario con formación específica.
Los movimientos oculares o los estímulos alternos, utilizados de forma aislada, no constituyen por sí solos una terapia EMDR. Aplicarlos sin una adecuada valoración puede activar recuerdos o emociones difíciles sin disponer del acompañamiento necesario para manejarlos.
El papel del terapeuta no se limita a realizar la estimulación bilateral. También evalúa, prepara, guía, regula la intensidad del proceso y comprueba que el trabajo se desarrolla de manera segura.
Recordar sin seguir viviendo en el pasado
Las experiencias dolorosas forman parte de nuestra historia, pero no tienen por qué seguir determinando nuestra vida.
El EMDR puede ayudar a que determinados recuerdos dejen de sentirse como heridas abiertas y puedan integrarse de una forma más serena. Lo ocurrido no se olvida, pero puede dejar de provocar la misma angustia, miedo o sensación de indefensión.
Pedir ayuda no significa debilidad. En muchas ocasiones, es el primer paso para dejar de sobrevivir a lo ocurrido y comenzar a vivir el presente con mayor libertad.
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